miércoles, 26 de marzo de 2014

Caridad al encuentro del otro

Todavía conmocionado por las imágenes vividas en primera persona al cruzar la frontera de Ceuta, con las huellas muy evidentes de la muerte de varios emigrantes que trataban de cruzar hacia nuestro país buscando el sueño dorado. Nada más arribar a las costas gaditanas nos tropezamos con la dura realidad del desempleo, en la provincia con la mayor tasa de España, una crisis que no parece tener fin y que se está cebando con las capas más frágiles de nuestra sociedad. Estamos abocados a instalarnos en un estado de insensibilización, nos acostumbramos a los hechos adoptando una cierta frialdad y distancia hacia la persona, sumidos en la evidente manipulación de los medios de comunicación. "No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en la calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la Bolsa", nos dice el Papa Francisco en su exhortación Envagelii gaudium.

La curación del ciego. El Greco
La respuesta desde la fe, desde un humanismo de encarnación sólo puede provenir de la solidaridad, entendida en primer lugar que todos se sientan responsables de todos. Continúa el Papa "no se puede tolerar más que se tire comida, cuando hay gente que pasa hambre, eso es inequidad (...) hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión" por ello nos exhorta "a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética del ser humano". El gran riesgo del mundo actual, son sus múltiples facetas de variados consumismos, es una tristeza individualista que brota de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada, como lo manifiestan numerosos pensadores contemporáneos, creyentes o no. 

Nuestros estilos de vida, nuestra forma de consumir, nuestra propia falta de ética repercute en los demás, en una economía interdependiente cualquier acontecimiento de un grupo humano influye en el resto del globo. El 70% de la comida que tiramos en España proviene de los hogares domésticos y los excedentes de comida serían suficientes para alimentar a la población mundial. El añorado Juan Pablo II lo describe en la Solicitudo rei socialis: "cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social -y como virtud- es la solidaridad que no es un sentimiento superficial por los males de tantas personas cercanas o lejanas, al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, es decir, para que todo seamos verdaderamente responsables de todos". La respuesta cristiana, que nace de la gratuidad, tiene su fundamento en la caridad, que no es exactamente igual al amor, sino su ápice, es decir, consiste en entregarse al otro. ¿De dónde lo aprendemos? de Jesús, crucificado por el hombre que nos revela a Dios, que es amor, que nos impulsa al encuentro del otro. 

En las numerosas acciones caritativas que desde nuestra Hermandad llevamos a cabo en los diversos frentes, debemos reflexionar sobre si realmente vamos al encuentro del otro de forma perseverante y cercana, o adoptamos muchas veces  un cierto distanciamiento y tratamos de justificarnos. Si hacemos una comida con la gente de AIMA, el medio es la merienda pero el fin es conocer la asociación, conversar con sus miembros, tratar de apoyar su causa. Si vamos al Asilo es para reconocer al anciano, conocer su historia, dejarnos guiar por su memoria, no sólo dar el regalo. Si hacemos un acto a beneficio de Manos Unidas vamos al encuentro de otras culturas, de conocer el proyecto, de saber sus beneficiarios, de comprometernos con la Iglesia misionera.

El Papa nos los dice con claridad: "nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones en programas de atención o asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista sino ante todo una atención puesta en el otro considerándolo uno consigo. Esta atención amante es el inicio de una verdadera preocupación por su persona, a partir de la cual deseo buscar efectivamente su bien. Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. Sin la opción preferencial por los pobres, el anuncio del Evangelio, aún siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o ahogarse en el mar de las palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día".

Que nuestros sagrados Titulares nos ayuden a saber discernir en nuestras acciones sociales y ser más perseverantes en la atención al otro.

Francisco Jiménez Maldonado
Publicado en el Boletín de la Hermandad. Marzo 2014

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