domingo, 19 de octubre de 2014

En la solemnidad de San Pedro de Alcántara

Coincidiendo con su solemnidad, acompañamos esta entrada de blog con una interesante biografía de San Pedro de Alcántara, cuya imagen -una de las más valiosas artísticamente de cuantas recibe culto en el templo de San Roque- preside uno de los retablos del crucero.

San Pedro de Alcántara (1499-1562)
19 de octubre

Era el año del Señor de 1494 [o más bien: 1499] cuando en la Extremadura Alta, en la villa de Alcántara, nacía del gobernador don Pedro Garabito y de la noble señora doña María Villela de Sanabria un varón cuya vida había de ser un continuo milagro y un mensaje espiritual de Dios a los hombres, porque no iba a ser otra cosa sino una potente encarnación del espíritu en cuanto ello lo sufre la humana naturaleza. Ocurrió cuando España entera vibraba hasta la entraña por la fuerza del movimiento contrarreformista. Era el tiempo de los grandes reyes, de los grandes teólogos, de los grandes santos. En el cielo de la Iglesia española y universal fulgían con luz propia Ignacio, Teresa, Francisco de Borja, Juan de la Cruz, Francisco Solano, Javier... Entre ellos el Santo de Alcántara había de brillar con potentísima e indiscutible luz.

Había de ser santo franciscano. La liturgia de los franciscanos, en su fiesta, nos dice que, si bien «el Seráfico Padre estaba ya muerto, parecía como si en realidad estuviese vivo, por cuanto nos dejó copia de sí en Pedro, al cual constituyó defensor de su casa y caminó por todas las vías de su padre, sin declinar a la derecha ni hacia la izquierda». Todo el que haya sentido alguna vez curiosidad por la historia de la Orden de San Francisco, se encontrará con un fenómeno digno de ponderación, que apenas halla par en la historia de la Iglesia: iluminado por Dios, se apoderó el Santo de Asís del espíritu del Evangelio y lo plasmó en una altísima regla de vida que, en consecuencia, se convierte en heroísmo. Este evangelio puro, a la letra, es la cumbre de la espiritualidad cristiana y hace de los hombres otros tantos Cristos, otros tantos estigmatizados interiores; pero choca también con la realidad de la concupiscencia y pone al hombre en un constante estado de tensión, donde las tendencias hacia el amor que se crucifica y hacia la carne que reclama su imperio luchan en toda su desnuda crudeza. Por eso ya en la vida de San Francisco se observa que su ideal, de extraordinaria potencia de atracción de almas sedientas de santidad, choca con las debilidades humanas de quienes lo abrazan. Y las almas, a veces, ceden en puntos de perfección, masivamente, en grandes grupos, y parece, sin embargo, como si el espíritu del fundador hubiese dejado en ellas una simiente de perpetuo descontento, una tremenda ansia de superación, y constantemente, apenas la llama del espíritu ha comenzado a flaquear, se levanta el espíritu hecho llama en otro hombre y comienza un movimiento de reforma. Nuestro Santo fue, de todos esos hombres, el más audaz, el más potente y el más avanzado. Su significación es, por tanto, doble: es reformador de la Orden y, a través de ella, de la Iglesia universal.

San Francisco entendió la santidad como una identificación perfecta con Cristo crucificado y trazó un camino para ir a Él. El itinerario comienza por una intuición del Verbo encarnado que muere en cruz por amor nuestro, moviendo al hombre a penitencia de sus culpas y arrastrándole a una estrecha imitación. Así introduce al alma en una total pobreza y renuncia de este mundo, en el que vivirá sin apego a criatura alguna, como extranjera y peregrina; de aquí la llevará a desear el oprobio y menosprecio de los hombres, será humilde; de aquí, despojada ya de todo obstáculo, a una entrega total al prójimo, en purísima caridad fraterna. Ya en este punto el hombre encuentra realizada una triple muerte a sí mismo: en el deseo de la posesión y del goce, en la propia estima, en el propio amor. Entonces ha logrado la perfecta identificación con el Cristo de la cruz. Esto, en San Francisco, floreció en llagas, impresas por divinas manos en el monte de la Verna. Y, cuando el hombre se ha configurado así con el Redentor, su vida adquiere una plenitud insospechada de carácter redentivo, completando en sí los padecimientos de Cristo por su Iglesia; se hace alma víctima y corredentora por su perfecta inmolación. Cuando el alma se ha unido así con Cristo ha encontrado la paz interior consumada en el amor y sus ojos purificados contemplan la hermosura de Dios en lo creado; queda internamente edificada en sencilla simplicidad; vive una perpetua y perfecta alegría, que es sonrisa de cruz. Es franciscana.

Por estos caminos, sin declinar, iba a correr nuestro Santo de Alcántara. Nos encontramos frente a una destacadísima personalidad religiosa, en la que no sabemos si admirar más los valores humanos fundamentales o los sobrenaturales añadidos por la gracia. San Pedro fue hombre de mediana estatura, bien parecido y proporcionado en todos sus miembros, varonilmente gracioso en el rostro, afable y cortés en la conversación, nunca demasiada; de exquisito trato social. Su memoria fue extraordinaria, llegando a dominar toda la Biblia; ingenio agudo; inteligencia despejadísima y una voluntad férrea ante la cual no existían los imposibles y que hermanaba perfectamente con una extrema sensibilidad y ternura hacia los dolores del prójimo. Es de considerar cómo, a pesar de su extrema dureza, atraía de manera irresistible a las almas y las empujaba por donde quería, sin que nadie pudiese escapar a su influencia. Cuando la penitencia le hubo consumido hasta secarle las carnes, en forma de parecer –según testimonio de quienes le trataron– un esqueleto recién salido del sepulcro; cuando la mortificación le impedía mirar a nadie cara a cara, emanaba de él, no obstante, una dulzura, una fuerza interior tal, que inmediatamente se imponía a quien le trataba, subyugándole y conduciéndole a placer.

Sus padres cuidaron esmeradamente de su formación intelectual. Estudió gramática en Alcántara y debía de tener once o doce años cuando marchó a Salamanca. Allí cursó la filosofía y comenzó el derecho. A los quince años había ya hecho el primero de leyes. Tornó a su villa natal en vacaciones, y entonces coincidieron las dudas sobre la elección de estado con un período de tentaciones intensas. Un día el joven vio pasar ante su puerta unos franciscanos descalzos y marchó tras ellos, escapándose de casa apenas si cumplidos los dieciséis años y tomando el hábito en el convento de los Majarretes, junto a Valencia de Alcántara, en la raya portuguesa, año de 1515.

Fray Juan de Guadalupe había fundado en 1494 una reforma de la Orden conocida comúnmente con el nombre de la de los descalzos. Esta reforma pasó tiempos angustiosos, combatida por todas partes, autorizada y suprimida varias veces por los Papas, hasta que logró estabilizarse en 1515 con el nombre de Custodia de Extremadura y más tarde provincia descalza de San Gabriel. Exactamente el año en que San Pedro tomó el santo hábito.

La vida franciscana de éste fue precedida por larga preparación. Desde luego que nos enfrentamos con un individuo extraordinario. De él puede decirse con exactitud que Dios le poseyó desde el principio de sus vías. A los siete años de edad era ya su oración continua y extática; su modestia, sin par. En Salamanca daba su comida de limosna, servía a los enfermos, y era tal la modestia de su continente que, cuando los estudiantes resbalaban en conversaciones no limpias y le veían llegar, se decían: «El de Alcántara viene, mudemos de plática».

Claro está que solamente la entrada en religión, y precisamente en los descalzos, podía permitir que la acción del espíritu se explayase en su alma. Cuando San Pedro, después de haber pasado milagrosamente el río Tiétar, llamó a la puerta del convento de los Majarretes, encontró allí hombres verdaderamente santos, probados en mil tribulaciones por la observancia de su ideal altísimo, pero pronto les superó a todos. En él estaba manifiestamente el dedo de Dios.

Apenas entrado en el noviciado se entregó absolutamente a la acción de la divina gracia. Fue nuestro Santo ardiente amador y su vida se polarizó en torno a Dios, con exclusión de cualquier cosa que pudiese estorbarlo. El misterio de la Santísima Trinidad, donde Dios se revela viviente y fecundo; la encarnación del Verbo y la pasión de Cristo; la Virgen concebida sin mancha de pecado original, eran misterios que atraían con fuerza irresistible sus impulsos interiores. Ya desde el principio más bien pareció ángel que hombre, pues vivía en continua oración. Dios le arrebataba de tal forma que muchas veces durante toda su vida se le vio elevarse en el aire sobre los más altos árboles, permanecer sin sentido, atravesar los ríos andando sin darse cuenta por encima de sus aguas, absorto en el ininterrumpido coloquio interior. Como consecuencia que parece natural, ya desde el principio se manifestó hombre totalmente muerto al mundo y al uso de los sentidos. Nunca miró a nadie a la cara. Sólo conocía a los que le trataban por la voz; ignoraba los techos de las casas donde vivía, la situación de las habitaciones, los árboles del huerto. A veces caminaba muchas horas con los ojos completamente cerrados y tomaba a tientas la pobre refacción.

Gustaba tener huertecillos en los conventos donde poder salir en las noches a contemplar el cielo estrellado, y la contemplación de las criaturas fue siempre para su alma escala conductora a Dios.

Como es lógico, esta invasión divina respondía a la generosidad con que San Pedro se abrazara a la pobreza real y a la cruz de una increíble mortificación. Esta fue tanta que ha pasado a calificarle como portento, y de los más raros, en la Iglesia de Cristo. Ciertamente parece de carácter milagroso y no se explica sin una especial intervención divina.

Si en la mortificación de la vista había llegado, cual declaró a Santa Teresa, al extremo de que igual le diera ver que no ver, tener los ojos cerrados que abiertos, es casi increíble el que durante cuarenta años sólo durmiera hora y media cada día, y eso sentado en el suelo, acurrucado en la pequeña celda donde no cabía estirado ni de pie, y apoyada la cabeza en un madero. Comía, de tres en tres días solamente, pan negro y duro, hierbas amargas y rara vez legumbres nauseabundas, de rodillas; en ocasiones pasaba seis u ocho días sin probar alimento, sin que nadie pudiese evitarlo, pues, si querían regalarle de forma que no lo pudiese huir, eran luego sus penitencias tan duras que preferían no dar ocasión a ellas y le dejaban en paz.

Llevó muchísimos años un cilicio de hoja de lata a modo de armadura con puntas vueltas hacia la carne. El aspecto de su cuerpo, para quienes le vieron desnudo, era fantástico: tenía piel y huesos solamente; el cilicio descubría en algunas partes el hueso y lo restante de la piel era azotado sin piedad dos veces por día, hasta sangrar y supurar en úlceras horrendas que no había modo de curar, cayéndole muchas veces la sangre hasta los pies. Se cubría con el sayal más remendado que encontraba; llevaba unos paños menores que, con el sayal, constituían asperísimo cilicio. El hábito era estrecho y en invierno le acompañaba un manto que no llegaba a cubrir las rodillas. Como solamente tenía uno, veíase obligado a desnudarse para lavarlo, a escondidas, y tornaba a ponérselo, muchas veces helado, apenas lo terminaba de lavar y se había escurrido un tanto. Cuando no podía estar en la celda por el rigor del frío solía calentarse poniéndose desnudo en la corriente helada que iba de la puerta a la ventana abiertas; luego las cerraba poco a poco, y, finalmente, se ponía el hábito y amonestaba al hermano asno para que no se quejase con tanto regalo y no le impidiese la oración.

Su aspecto exterior era impresionante, de forma que predicaba solamente con él: la cara esquelética; los ojos de fulgor intensísimo, capaces de descubrir los secretos más íntimos del corazón, siempre bajos y cerrados; la cabeza quemada por el sol y el hielo, llena de ampollas y de golpes que se daba por no mirar cuando pasaba por puertas bajas, de forma que a menudo le iba escurriendo la sangre por la faz; los pies siempre descalzos, partidos y llagados por no ver dónde los asentaba y no cuidarse de las zarzas y piedras de los caminos.
San Pedro era víctima del amor de Dios más ardiente y su cuerpo no había florecido en cinco llagas como San Francisco, sino que se había convertido en una sola, pura, inmensa. Su vida entera fue una continua crucifixión, llenando en esta inmolación de amor por las almas las exigencias más entrañables del ideal franciscano.

No es de extrañar, claro está, que su vista no repeliese. Juntaba al durísimo aspecto externo una suavidad tal, un profundo sentido de humana ternura y comprensión hacia el prójimo, una afabilidad, cortesía de modales y un tal ardor de caridad fraterna, que atraía irresistiblemente a los demás, de cualquier clase y condición que fuesen. Es que el Santo era todo fuerza de amor y potencia de espíritu. Aborrecía los cumplimientos, pero era cuidadoso de las formas sociales y cultivaba intensamente la amistad. Tuvo íntima relación con los grandes santos de su época: San Francisco de Borja, quien llamaba «su paraíso» al convento de El Pedroso donde el Santo comenzó su reforma; el beato Juan de Ribera, Santa Teresa de Jesús, a quien ayudó eficazmente en la reforma carmelitana y a cuyo espíritu dio aprobación definitiva. Acudieron a él reyes, obispos y grandes. Carlos V y su hija Juana le solicitaron como confesor, negándose a ello por humildad y por desagradarle el género de vida consiguiente. Los reyes de Portugal fueron muy devotos suyos y le ayudaron muchas veces en sus trabajos. A todos imponía su espíritu noble y ardiente, su conocimiento del mundo y de las almas, su caridad no fingida.

Secuela de todo esto fue la eficacia de su intenso apostolado. San Pedro de Alcántara es un auténtico santo franciscano y su vida lo menos parecido posible a la de un cenobita. Como vivía para Dios completamente no le hacía el menor daño el contacto con el mundo. A pesar de ello le asaltaron con frecuencia graves tentaciones de impureza, que remediaba en forma simple y eficaz: azotarse hasta derramar sangre, sumergirse en estanques de agua helada, revolcarse entre zarzas y espinas. Desde los veinticinco años, en que por obediencia le hacen superior, estuvo constantemente en viajes apostólicos. Su predicación era sencilla, evangélica, más de ejemplo que de palabra. En el confesonario pasaba horas incontables y poseía el don de mover los corazones más empedernidos. Fue extraordinario como director espiritual, ya que penetraba el interior de las almas con seguro tino y prudencia exquisita: así fue solicitado en consejo por toda clase de hombres y mujeres, lo mismo gente sencilla de pueblo que nobles y reyes; igual teólogos y predicadores que monjas simples y vulgo ignorante. Amó a los niños y era amado por ellos, llegando a instalar en El Pedroso una escuelita donde enseñarles. Predicó constantemente la paz y la procuró eficazmente entre los hombres.

Dios confirmó todo esto con abundancia de milagros: innumerables veces pasó los ríos a pie enjuto; dio de comer prodigiosamente a los religiosos necesitados; curó enfermos; profetizó; plantó su báculo en tierra y se desarrolló en una higuera que aún hoy se conserva; atravesó tempestades sin que la lluvia calara sus vestidos, y en una de nieve ésta le respetó hasta el punto de formar a su alrededor una especie de tienda blanca. Y sobre todas estas cosas el auténtico milagro de su penitencia.

Aún, sin embargo, nos falta conocer el aspecto más original del Santo: su espíritu reformador. No solamente ayuda mucho a Santa Teresa para implantar la reforma carmelitana; no se contenta con ayudar a un religioso a la fundación de una provincia franciscana reformada en Portugal, sino que él mismo funda con licencia pontificia la provincia de San José, que produjo a la Iglesia mártires, beatos y santos de primera talla. Si bien él mismo había tomado el hábito en una provincia franciscana austerísima, la de San Gabriel, quiso elevar la pobreza y austeridad a una mayor perfección, mediante leyes a propósito y, sobre todo, deseó extender por todo el mundo el genuino espíritu franciscano que llevaba en las venas, cosa que, por azares históricos, estaba prohibido a la dicha provincia de San Gabriel, que sólo podía mantener un limitado número de conventos. Con muchas contradicciones dio comienzo a su obra en 1556, en el convento de El Pedroso, y pronto la vio extendida a Galicia, Castilla, Valencia; más tarde China, Filipinas, América. Los alcantarinos eran proverbio de santidad entre el pueblo y los doctos por su vida maravillosamente penitentes. Dice un biógrafo que vivían en sus conventos –diminutos, desprovistos de toda comodidad– una vida que más bien tenía visos de muerte. Cocinaban una vez por semana, y aquel potaje se hacía insufrible al mejor estómago. Sus celdas parecían sepulcros. La oración era sin límites, igual que las penitencias corporales. Y si bien es cierto que las constituciones dadas por el Santo son muy moderadas en cuanto a esto, sin exigir mucho más allá que las demás reformas franciscanas conocidas, no se puede dudar que su poderosísimo espíritu dejó en sus seguidores una imborrable huella y un deseo extremo de imitación. Y es sorprendente el genuino espíritu franciscano que les comunicó, ya que tal penitencia no les distanciaba del pueblo, antes los unía más a él. Construían los conventos junto a pueblos y ciudades, mezclándose con la gente a través del desempeño del ministerio sacerdotal, en la ayuda a los párrocos, enseñanza a los niños; siempre afables y corteses, penitentes y profundamente humanos.

El 18 de octubre de 1562 murió en el convento de Arenas.

La Santa de Avila vio volar su alma al cielo y la oyó gozarse de la gloria ganada con su excelsa penitencia. El Santo moría en paz. Dejaba una obra hecha: una escuela de santos, un colegio de almas intercesoras y víctimas por las culpas del mundo. Sus penitencias llegaron a parecer a algunos «locuras y temeridades de hombre desesperado»; las gentes le tuvieron muchas veces por loco al ver los extremos a que le llevaba su vida de contemplación. Sólo que, como muy gentilmente aclaró a sus monjas Santa Teresa, aquellas locuras del bendito fray Pedro eran precisamente locuras de amor. Cuando Cristo ama intensamente a un alma no descansa hasta clavarla consigo en la cruz. Cuando un alma ama a Cristo no desea sino compartir con Él los mismos dolores, oprobios y menosprecios. La vocación franciscana es, recordémoslo, una vocación de amor crucificado y San Pedro supo vivirla con plenitud. Su penitencia venía condicionada por su papel corredentivo en la Iglesia de Dios y, si no a todos es dado imitarla materialmente, sí es exigido amar como él amó y desprenderse por amor, y al menos en espíritu, de las cosas temporales, abrazándose a la cruz.

Pedro de Alcántara Martínez, OFM,
San Pedro de Alcántara,
en Año Cristiano, Tomo IV, Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 152-160.

lunes, 13 de octubre de 2014

Don Ignacio del Rey Molina, meditador del Stabat Mater ante el Santísimo Cristo Yacente y la Santísima Virgen de los Dolores

Foto: Arte Sacro
Un año más, la Hermandad del Santo Entierro celebrará en el mes de Noviembre en un ambiente de recogimiento, la meditación del Stabat Mater ante las Sagradas Imágenes de la Santísima Virgen de los Dolores y el Santísimo Cristo Yacente, estando en esta ocasión a cargo del joven cofrade sevillano don Ignacio del Rey Molina, Pregonero Universitario de 2013.

Ignacio del Rey es, actualmente, estudiante de Grado en Ciencias Políticas y de la Administración de la Facultad de Derecho de la Universidad Pablo de Olavide. A pesar de su juventud, destaca su vinculación con las Hermandades sevillanas, especialmente con las del Silencio, Baratillo, Sacramental del Sagrario, Salud de San Isidoro y Rocío de Triana, de las cuales es hermano. En la actualidad, desarrolla su labor como Diputado dentro de la Junta de Gobierno de la Hermandad del Silencio.

Desde muy joven mostró su interés en la creación literaria, no en vano, ha pronunciado varios pregones y conferencias entre los que cabe destacar el Pregón de la Juventud del Baratillo (2009), Pregón del Martes Santo (2011), Pregón de la Esperanza de Triana (2012), Oración del Estudiante en el Quinario al Santísimo Cristo de la Buena Muerte (Los Estudiantes) 2012, destacando su magnífica intervención en el Pregón Universitario 2013, organizado por la Hermandad de los Estudiantes.

viernes, 10 de octubre de 2014

María Auxiliadora y San Juan Bosco en la Iglesia de San Roque

Desde hace unos días, se encuentran ubicadas junto al altar de San Francisco de Asís, las imágenes de María Auxiliadora y San Juan Bosco que reciben culto en la Iglesia de San Roque. Hace unos meses, dichas imágenes fueron trasladadas a nuestra sede canónica por parte de los Antiguos Alumnos Salesianos de Arahal, encontrándose en la actualidad en su ubicación definitiva para recibir las oraciones de sus fieles y devotos.


Fotos: Archivo Hermandad

lunes, 29 de septiembre de 2014

Octubre. Misa de Hermandad


El próximo jueves 2 de octubre, se celebra en la Iglesia de San Roque a las 20:00 horas, Misa de Hermandad por el eterno descanso de los hermanos difuntos de la misma. A las 19:30 horas, rezo del Santo Rosario a la Santísima Virgen de los Dolores. 

Aprovechamos para recordar que todos los viernes en horario de 18:30 a 21:00 horas, la Iglesia de San  Roque permanece abierta para que todos los fieles y devotos puedan orar ante Nuestros Sagrados Titulares.

jueves, 25 de septiembre de 2014

"En España se quita la vida a unos trescientos veinte seres humanos cada día del año por medio del aborto"

Jueves, 25 de septiembre de 2014

El obispo auxiliar de Sevilla, mons. Santiago Gómez Sierra, ha mostrado su “profunda tristeza y decepción al saber que el gobierno de la nación desiste de la reforma sustancial de la ley del aborto”.
El prelado ha afirmado que se trata de un paso más en la promoción de lo que denomina “la cultura del descarte”, y lo ha explicado con una referencia al Papa Francisco, que ha subrayado que los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes».
Mons. Gómez Sierra ha realizado estas declaraciones en la homilía de la Eucaristía con motivo de la fiesta de la Merced, patrona de las Instituciones Penitenciarias, que se ha celebrado la mañana del miércoles en la basílica de la Macarena. Ha afirmado que “es un sarcasmo que se presenta como progresista pretendiendo resolver los problemas de la mujer u otros eliminando una vida humana; y en España se quita la vida a unos trescientos veinte seres humanos cada día del año por medio del aborto. Es una trágica realidad –añadió- ante la que toda persona de buena voluntad, creyente o no, tiene la obligación de reaccionar”.
En esta línea, el obispo auxiliar ha subrayado que “entre los débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes se niega su dignidad humana, quitándoles la vida y manteniendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo”.
Foto: Conferencia Episcopal Española

Palabras para los privados de libertad
En referencia a la festividad de Instituciones penitenciarias, mons. Gómez Sierra ha destacado que "hoy en las cárceles viven hombres y mujeres privados temporalmente de libertad, pero no de su dignidad humana. Son personas en debilidad que necesitan ayuda, compañía, recursos para poder reintegrarse de nuevo en la sociedad como ciudadanos libres".

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Lotería de Navidad


Desde hace unos días, se encuentra a la venta la lotería de Navidad de la Hermandad. En esta ocasión el número es el 47243, pudiendo adquirirse a través de los miembros de la Junta de Gobierno, la Administración de Lotería de Arahal así como en diferentes puntos de venta repartidos por la localidad.

Aprovechamos para recordar que la Hermandad juega mensualmente un número de la Lotería Nacional que se puede adquirir del mismo modo.

martes, 16 de septiembre de 2014

¿Quieres aprender a obedecer? Mira a María a los pies de la Cruz


VATICANO, 15 Sep. 14 / 09:59 am (ACI/EWTN Noticias)

En la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco reflexionó sobre el último ejemplo de obediencia demostrado por María al pie de la Cruz, “firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento”.

Así lo expresó el Pontífice en la fiesta de la Bienaventurada Virgen Dolorosa. Indicó que la Liturgia, después de habernos mostrado la Cruz gloriosa, nos hace ver a la Madre humilde y mansa.

En la Carta a los hebreos “Pablo subraya tres palabras fuertes”, cuando dice que Jesús “aprendió, obedeció y padeció”. “Es lo contrario de lo que había sucedido a nuestro padre Adán, que no quiso aprender lo que el Señor mandaba, que no quiso padecer ni obedecer”. Jesús, en cambio, aun siendo Dios, “se despojó, se humilló a sí mismo haciéndose siervo. Ésta es la gloria de la Cruz de Jesús”.

“Jesús vino al mundo para aprender a ser hombre, y siendo hombre, caminar con los hombres. Vino al mundo para obedecer, y obedeció. Pero esta obediencia la aprendió del sufrimiento. Adán salió del Paraíso con una promesa, la promesa que iba adelante durante tantos siglos”.

“Hoy, con esta obediencia, con este aniquilarse a sí mismo, humillarse, de Jesús, esa promesa devuelve esperanza. Y el pueblo de Dios camina con esperanza cierta. También la Madre, ‘la nueva Eva’, como la llama el mismo Pablo, participa en este camino del Hijo: aprendió, sufrió y obedeció. Y se convierte en Madre”.

El Evangelio, explicó el Papa, nos muestra a María a los pies de la Cruz, desde la cual Jesús dice a Juan “He aquí tu madre”. De esta manera, María “es ungida Madre”:

“Y esta es también nuestra esperanza. Nosotros no somos huérfanos, tenemos Madres: la Madre María. Pero también la Iglesia es Madre y también la Iglesia es ungida Madre cuando recorre el mismo camino de Jesús y de María: el camino de la obediencia, el camino del sufrimiento; y cuando tiene esa actitud de aprender continuamente el camino del Señor. Estas dos mujeres – María y la Iglesia – llevan adelante la esperanza que es Cristo, nos dan a Cristo, generan a Cristo en nosotros. Sin María, no habría existido Jesucristo; sin la Iglesia no podemos ir adelante”.

“Dos mujeres y dos Madres” y junto a ellas nuestra alma, que como decía el monje Isaac, abad de Stella, “es femenina” y se asemeja “a María y a la Iglesia”.

El Papa dijo que “hoy, viendo a esta mujer ante la Cruz, firme en seguir a su Hijo en el sufrimiento para aprender la obediencia, al verla vemos a la Iglesia y vemos a nuestra Madre”.

“Y también vemos nuestra pequeña alma que no se perderá jamás, si sigue siendo también una mujer cercana a estas dos grandes mujeres que nos acompañan en la vida: María y la Iglesia. Y así como nuestros Padres del Paraíso salieron con una promesa, hoy nosotros podemos ir adelante con una esperanza: la esperanza que nos da nuestra Madre María, firme ante la Cruz, y nuestra Santa Madre Iglesia jerárquica”, afirmó.

I centenario de la Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de Septiembre

Foto: Andrés García

Desde la Edad Media se había establecido una fiesta el V Viernes de Cuaresma a la Virgen al pie de la cruz, extendida a toda la Iglesia en 1714. Una segunda celebración en torno a los Dolores de Nuestra Señora surge también al calor de la Orden de los Siervos de María, pero en este caso considerando globalmente los sufrimientos de la Virgen a lo largo de toda su vida por su íntima asociación a la Obra de la Redención, y no sólo centrándose en el Calvario, aunque éste fuera el momento culminante.
En la reforma litúrgica del Pontífice Pío X Sarto en 1914, “para fomentar el culto de la Virgen Dolorosa y la devoción y la gratitud de los fieles hacia la misericordiosa Corredentora del género humano” y con el fin de despejar el ciclo dominical, se fijó el quince de septiembre, día en que ya se celebraba en el rito ambrosiano por no tener octava la fiesta de la Natividad de la Virgen, haciendo pareja con la del día anterior: la Exaltación de la Santa Cruz. 
Contemplamos desde la perspectiva de la glorificación los frutos de la Redención de la pareja salvadora, Cristo Nuevo Adán y María Nueva Eva. En palabras de Pablo VI, es “ocasión propicia para revivir un momento decisivo de la historia de la salvación y para venerar junto con el Hijo exaltado en la Cruz a la Madre que comparte su dolor”.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Septiembre. Misa de Hermandad


El próximo jueves 11 de septiembre, se celebra en la Iglesia de San Roque a las 21:00 horas, Misa de Hermandad por el eterno descanso de los hermanos difuntos de la misma. A las 20:30 horas, rezo del Santo Rosario a la Santísima Virgen de los Dolores. 

Aprovechamos para recordar que todos los viernes en horario de 19:00 a 21:30 horas, la Iglesia de San  Roque permanece abierta para que todos los fieles y devotos puedan orar ante Nuestros Sagrados Titulares.

martes, 2 de septiembre de 2014

Id y haced discípulos. Carta con motivo del inicio del curso pastoral 2014-15

Texto íntegro de la carta del Arzobispo de Sevilla en la que indica las prioridades pastorales de cara al curso 2014-2015.


A los sacerdotes y diáconos, seminaristas, miembros de la vida consagrada, movimientos, asociaciones, hermandades y fieles todos de la Archidiócesis.
Foto: ABC de Sevilla
Queridos hermanos y hermanas:
1. “Id y haced discípulos de todos los pueblos…” (Mt. 28,19), son las palabras que con más fuerza y autoridad podemos escuchar a la hora de retomar los trabajos por el Evangelio en nuestra Iglesia particular después del descanso estival. Para que no sea una simple vuelta rutinaria a los quehaceres eclesiales de cada curso, reparemos por un momento en toda la hondura que tiene la misión de la Iglesia, en la que se encuadra nuestra labor. El fundamento último de la tarea evangelizadora está en Cristo. Él es “enviado” por el Padre para la salvación del mundo, y su obra continúa en la misión del Espíritu Santo. Desde este fundamento trinitario de la misión, Dios se revela como amor que se entrega.
2. La Iglesia continúa la misión del Hijo. También ella es “enviada” para hacer presente y ofrecer a los hombres y mujeres de todos los tiempos el amor de Dios. Por ello, es característico de la Iglesia ser enviada. Es también un rasgo esencial de la Iglesia ser el lugar en el que Dios busca a los hombres y el lugar natural de nuestro encuentro con Él. Por ello, la Iglesia en cuanto enviada es signo manifestativo de la caridad divina que se ha revelado en Jesucristo. Con esta convicción ponemos de nuevo la mano en el arado para labrar el campo de Dios. De este modo, nada nos resultará rutinario, porque como nos dice san Juan de la Cruz, “el alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa”.
3. En noviembre del año pasado, el papa Francisco, en la exhortación apostólica Evangelii Gaudiumsobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual, nos emplazaba a constituirnos en “estado permanente de misión”, capaz de transformarlo todo, para que cada estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo contemporáneo (cfr. EG 25ss.). Dios quiera que todos acojamos con convicción sincera y con auténtica pasión la llamada del Papa a la conversión pastoral, con el fin de que todas las realidades eclesiales y nosotros, los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos comprometidos en la pastoral diocesana, adoptemos estilos más misioneros.
4. Además de alentar a todos a reemprender con nuevo vigor las tareas pastorales, para lo que contamos con la compañía del Señor y el aliento de su Espíritu, quiero señalar algunos temas que van a marcar nuestros quehaceres eclesiales en este curso. Son los siguientes: la recepción de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, la constitución del Consejo Diocesano de Pastoral, la prosecución de la Visita Pastoral, la publicación del Directorio diocesano de la Iniciación Cristiana, la presentación diocesana de la nueva Acción Católica General, la llamada Acción conjunta contra el paro, el Año de la Vida Consagrada, el Año Jubilar Teresiano y la puesta en marcha, si Dios quiere, de la Misión diocesana ad gentes

Exhortación apostólica Evangelii Gaudium
5. Durante este curso nos ocuparemos en primer lugar de favorecer la recepción de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Es una gozosa exigencia de comunión eclesial, que nace del carácter programático de este documento, en el que se nos pide a todos que imprimamos una orientación más decididamente misionera a nuestras tareas pastorales. El papa Francisco pide a los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos una verdadera conversión pastoral y misionera, con un trabajo previo de discernimiento y un empeño ulterior de programación con el estilo que el Papa nos pide. Ello exige que todos nos apliquemos a la lectura, estudio y reflexión personal y comunitaria de esta exhortación apostólica. En ella, el magisterio del Santo Padre nos ofrece sugerencias muy fecundas para orientar la acción pastoral de la Iglesia. Por ello, debemos empaparnos de su espíritu para descubrir y hacer nuestras, en un clima de comunión, las  urgencias pastorales que el Papa nos señala. Esta es una de las tareas fundamentales que propongo para este curso a los sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada y a todas las personas implicadas en la pastoral diocesana.

Consejo Diocesano de Pastoral
6. Conscientes de la importancia de la comunión eclesial para llevar adelante la misión que el Señor nos ha encomendado, vamos a proceder a la constitución del Consejo Diocesano de Pastoral, una vez renovados sus estatutos. La primera tarea que encomendaremos a este órgano de comunión y participación será la preparación, con el discernimiento necesario, de un nuevo Plan Pastoral Diocesano, que trace los caminos para dar una tonalidad más misionera y evangelizadora a nuestra iniciativas y tareas apostólicas, porque “si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida.” (EG 49)

Visita Pastoral
7. Con el mismo objetivo de animar y estimular las energías de todos los agentes de pastoral en las parroquias y de incrementar la comunión eclesial en orden a una acción apostólica más intensa, continuará la Visita Pastoral. En este curso haremos la Visita a las parroquias de los arciprestazgos de Villaverde del Río, Dos Hermanas y La Oliva-Bellavista en Sevilla.

Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana
8. Una nueva tarea viene exigida por la promulgación del Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, que tendrá lugar el próximo 20 de septiembre en la catedral, al mismo tiempo que entregaremos a todas las parroquias de la Archidiócesis el Catecismo  Testigos del Señor.  Agradezco a todos, sacerdotes y catequistas, sus aportaciones en el proceso de su elaboración. Gracias, sobre todo, al señor Obispo auxiliar y a los Delegados diocesanos de Liturgia y Catequesis que han dado forma al cuerpo del Directorio y han incorporado muchas de las propuestas presentadas. Durante este curso pastoral deberá ser estudiado en las parroquias y arciprestazgos por sacerdotes y catequistas y en todos los ámbitos diocesanos implicados en la iniciación cristiana, incluida la Escuela católica, de tal forma que pueda ponerse en práctica en sus aspectos normativos a partir del curso pastoral 2015-2016.
9. La iniciación cristiana es crucial en la Nueva Evangelización, porque no sólo es un proceso de formación doctrinal, sino que implica a toda la persona, que ha de asumir en todas las dimensiones de la vida su condición de hijo de Dios en Jesucristo, mientras realiza el aprendizaje de la vida cristiana y entra en la comunión de la Iglesia. Engendrar, cuidar, alimentar y ayudar a crecer a los nuevos cristianos, en su mayoría niños y adolescentes, es la misión maternal de la Iglesia. Todos somos conscientes de que la transmisión de la fe se ha debilitado extraordinariamente entre nosotros en las últimas décadas porque los dos cauces tradicionales, la familia y la escuela, no son ya, como lo fueron en el pasado, vías esenciales para la comunicación de la fe a los más jóvenes.
10. De todos son conocidas las dificultades, e incluso la asfixia, que desde hace años viene experimentando la enseñanza religiosa escolar, cuyo futuro es cada vez más problemático, a pesar de que es elegida cada año por más de un 70 % de los alumnos. Por otra parte, muchos padres bautizados han dimitido de su obligación fundamental de ser los primeros evangelizadores de sus hijos, que en muchos casos son verdaderos analfabetos en el plano religioso, como nos confiesan no pocos  catequistas de primera comunión. Por desgracia, son muchos los padres jóvenes que han abdicado de enseñar a sus hijos a rezar, de ayudarles a conocer a Jesús y de iniciarles en la piedad y en las virtudes. Por ello, es urgente que las comunidades cristianas, sobre todo las parroquias, intensifiquen sus esfuerzos en relación con la iniciación cristiana de los niños y adolescentes y también de los adultos que en su día se alejaron de la Iglesia y de la fe.
11. El Directorio de la Iniciación Cristiana quiere ofrecer las orientaciones precisas para esta tarea maternal de la Iglesia, buscando la unidad básica de criterios pastorales en nuestra Archidiócesis, estableciendo los itinerarios típicos para niños y adultos, y adoptando el Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos de la Conferencia Episcopal Española como material catequético para todos, pues ello garantizará la fidelidad doctrinal en la transmisión de la fe y la integridad de los contenidos. A nadie se le escapa la trascendencia de la tarea eclesial de los catequistas, que exige obediencia y comunión con la Iglesia a la hora de llevarla a la práctica en el precioso quehacer de la iniciación cristiana. Que Dios recompense con muchos dones sobrenaturales a tantos catequistas fieles que, de forma gratuita y generosa, comparten su fe con nuestros niños y adolescentes. Cuentan desde luego con la gratitud, la oración y el afecto de sus obispos.

Acción Católica General
12. Otro punto de atención preferente en este curso deberá ser la Acción Católica General, que tanto el señor Obispo auxiliar como un servidor, querríamos ver extendida por toda la Archidiócesis. Los obispos debemos amar y acompañar a todos los carismas existentes en nuestras Iglesias particulares. Pero si por alguno debemos mostrar preferencia es por la vieja, nueva y querida Acción Católica, camino de evangelización y de apostolado asociado íntimamente ligado al ministerio del Obispo y a la Iglesia diocesana y sus parroquias. En su historia más que centenaria ha sido cuna de numerosos santos, beatos y mártires y de innumerables hombres y mujeres que se han distinguido por su vida interior, su comunión estrecha con Jesucristo, su amor a la Iglesia, su formación sólida y su afán apostólico sobresaliente. Cómo nos gustaría a los dos obispos que la Acción Católica, sin excluir otros carismas, fuera, como lo fue en el pasado, el principio dinamizador de la vida  parroquial. Los frutos serían ubérrimos. Estoy seguro de que a las parroquias que así lo entiendan, la ayuda de Dios nos les va a faltar.  Tampoco la ayuda y el apoyo de sus obispos, que creen en la Acción Católica y la aman. En los últimos años, la Conferencia Episcopal Española le ha manifestado su apoyo explícito, que nosotros, pastores de la Iglesia en Sevilla, hacemos nuestro. Pedimos al Señor que crezca en nuestra Archidiócesis el número de sacerdotes convencidos de que es un camino muy válido para articular la pastoral parroquial e impulsar la Nueva Evangelización, pues la parroquia es su verdadera patria, dato este  muy importante, pues no deja de ser cierto que si la Acción Católica no es posible sin  los laicos, también lo es sin los sacerdotes.
13. Sé que no faltan quienes opinan que la Acción Católica está pasada de moda. Muy distinta es la convicción del papa Francisco, que, como un servidor, fue también niño de Acción Católica y que tanto la apoyó siendo Arzobispo de Buenos Aires, y a la que recibió en el Vaticano el día 20 de marzo de 2013, tres días después de la inauguración de su ministerio. Este fue también el convencimiento de todos los papas desde Pío XI, el papa de la Acción Católica. También del papa Benedicto XVI, como revelan sus discursos y mensajes. Idéntica era también la convicción de Juan Pablo II, que en septiembre del año 2004 hacía memoria "del don precioso que ha sido, desde su nacimiento, la Acción Católica". "En ella -añadía- generaciones de fieles han madurado la propia vocación a lo largo de un camino de formación cristiana que les ha llevado a la plena conciencia de la propia corresponsabilidad en la construcción de la Iglesia, estimulando el impulso apostólico en todos los ambientes de la vida". Hablaba entonces el Papa de la necesidad que tiene la Iglesia de la Acción Católica y pedía relanzarla con la "humilde y valiente decisión de recomenzar desde Cristo".  Concluía con estas palabras: "Hoy me urge repetir una vez más: ¡la Iglesia tiene necesidad de la Acción Católica!", a la que daba tres consignas que son el camino inexcusable para recrear también la Acción Católica en nuestra Archidiócesis:contemplación, comunión y misión, que equivale a la triada que profesaba la Acción Católica de nuestros años jóvenes: piedad, estudio y acción.
14. Las palabras que dirigiera el papa Francisco a la Acción Católica Italiana el pasado 3 de mayo, corroboran la actualidad de este movimiento y nos indican que puede y debe ser un apoyo decisivo en el marco de la Nueva Evangelización: “En el actual contexto social y eclesial, ustedes, laicos de la Acción Católica, son llamados a renovar la elección misionera, abierta a los horizontes que el Espíritu indica a la Iglesia y expresión de una nueva juventud del apostolado laical (…). Es el paradigma de la Acción Católica: el paradigma misionero. Ésta es la elección que hoy hace la Acción Católica. Sobre todo las parroquias, especialmente aquellas marcadas por el cansancio y la cerrazón, y hay tantas. Parroquias cansadas, parroquias cerradas (…). Se trata de asumir el dinamismo misionero para llegar a todos, privilegiando a quien se siente lejano y a los estratos más débiles y olvidados de la población (…). Este estilo de evangelización, animado por una fuerte pasión por la vida de la gente, está particularmente adaptado a la Acción Católica, formada por el laicado diocesano que vive en estrecha corresponsabilidad con los Pastores”. Los días 16 y 17 de octubre, en el Centro de Estudios Teológicos, tendremos la presentación de la Acción Católica General a cargo de los responsables nacionales, profundizando en los aspectos fundamentales de su ideario y de su metodología para insertarlo en la vida parroquial y diocesana. Confío que muchos sacerdotes y seglares acojáis este encuentro  con interés.

Acción conjunta contra el paro
15. En los inicios de este nuevo curso pastoral también quiero llamar vuestra atención sobre la llamadaAcción conjunta contra el paro, que, por desgracias, sigue siendo una verdadera lacra social en gran parte de España y muy especialmente en Andalucía. El lema de la acción es Ante el paro, activa tu conciencia. La promueven conjuntamente Cáritas diocesana, las Delegaciones de Pastoral Obrera, Pastoral Social-Justicia y Paz, Migraciones y la Fundación Cardenal Spínola de Lucha Contra el Paro, con el apoyo de otras instituciones y movimientos eclesiales de la Archidiócesis. Como nos ha recordado el papa Francisco, hablando de la dimensión social de la evangelización, la aceptación del Evangelio provoca en quien lo recibe una reacción fundamental, cual es desear, buscar y cuidar el bien de los demás (cfr. EG 178). Ello implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza, como los gestos de solidaridad ante las miserias concretas que encontramos (cfr. EG 188). Con este aliento proponemos esta Acción conjunta contra el paro, porque en el trabajo libre, participativo y solidario, los hombres y mujeres expresan y acrecientan su dignidad de personas, y cuando el paro les impide acceder a él, es su propia dignidad personal la que se resiente.
16. En este campo es absolutamente necesario además seguir empeñados en el fortalecimiento y clarificación de la dimensión religiosa y eclesial de nuestra Cáritas diocesana, de las Cáritas parroquiales y de tantos proyectos de caridad nacidos en el seno de nuestra Iglesia diocesana de la mano de numerosas familias religiosas, movimientos, asociaciones y hermandades. Sabemos que todos estos empeños solidarios a favor de los pobres no son realidades solo periféricamente conectadas con la Iglesia. La diaconía de la caridad pertenece a su entraña más genuina. Es la expresión de una dimensión esencial de la vida de la comunidad cristiana, junto con el anuncio de la Palabra de Dios y la celebración de los sacramentos. Son tres dimensiones que debemos integrar en la opción preferencial por los pobres, porque -como nos dice el Santo Padre- la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual, así que para la Iglesia la opción preferencial por ellos, además de ayudarles en sus necesidades materiales, debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria (cfr. EG 200).

Año de la Vida Consagrada
17. El curso pastoral que comenzamos estará también marcado por la celebración del Año de la Vida Consagrada y el Año Jubilar Teresiano. El Año de la Vida Consagrada, convocado por el papa Francisco, se iniciará el 30 de noviembre de 2014, primer domingo de Adviento, y se clausurará el 2 de febrero de 2016, en el que celebraremos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada coincidente con la fiesta de la Presentación del Señor. La celebración se enmarca en el cincuentenario del Concilio Vaticano II y del decreto conciliar Perfectae Caritatis sobre la renovación de la vida religiosa. En el trascurso de un año largo daremos gracias a Dios por el don precioso que supone para la Iglesia la vida consagrada y visibilizaremos el aprecio de nuestra Archidiócesis por este género de vida y por el signo extraordinario de la presencia amorosa de Dios en el mundo que son los consagrados, testigos de la esperanza y de la misericordia divina y anticipo y profecía de lo que será la vida futura. Nuestra Archidiócesis tiene el privilegio de contar con la colaboración generosa de más de doscientos religiosos sacerdotes, muchos de los cuales trabajan en tareas parroquiales. Contamos también con el compromiso evangelizador de cerca de dos mil religiosas de vida activa, con un número estimable de miembros de institutos seculares y sociedades de vida apostólica y un pequeño número de vírgenes consagradas. Unos y otros trabajan con abnegación en la escuela católica, en la pastoral de la salud, en la cárcel, en la catequesis o en el servicio a los pobres, conscientes de que el Señor se ha encarnado en cada hombre, especialmente en los más débiles, los marginados, los enfermos, los presos, los niños, los ancianos y los que sufren por cualquier causa.
18. No olvido el gran don que supone para nuestra Iglesia diocesana la sola presencia y la oración constante de las cerca de quinientas monjas contemplativas, que desde su vida escondida con Cristo en Dios, no son extrañas a la humanidad, ni inútiles en la construcción de un mundo más justo y fraterno, de acuerdo con los planes de Dios. Por el contrario, ocupan un puesto eminente en el Cuerpo Místico de Jesucristo y son elcorazón de la Iglesia, como se sentía santa Teresita de Lisieux, pues sostienen con su oración y la inmolación de su vida, la fidelidad y el trabajo apostólico de los sacerdotes, el servicio eclesial que los religiosos y religiosas de vida activa prestan a los más pobres, el amor y la mutua fidelidad de los esposos y el crecimiento y la maduración en la fe de los niños y jóvenes, pues “si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles” (Sal 126,1). Ellas son, como escribiera santa Clara de Asís en las constituciones de sus monjas "apoyo de los miembros vacilantes del cuerpo inefable del Señor".
19. Estoy convencido de que sin los consagrados nuestra Archidiócesis sería más pobre en iniciativas evangelizadoras, su radio de acción sería más corto y, desde luego, no contaría con el testimonio profético y la santidad de tantos hermanos que nos enriquecen con su oración y con sus obras apostólicas y que, al mismo tiempo, son testigos del amor más grande. Como nos dijera el papa Benedicto XVI en la homilía de la XIV Jornada de la Vida Consagrada el 2 de febrero de 2010, “más allá de valoraciones superficiales de funcionalidad, (…) las personas consagradas son un don precioso para la Iglesia y para el mundo, sediento de Dios y de su Palabra”.
20. Permanece para todos nosotros el reto que propusiera a la Iglesia san Juan Pablo II al comienzo del Tercer Milenio: hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión (cfr. NMI 43). Dios quiera que este año propicie encuentros cálidos de los consagrados, el clero y los laicos a nivel diocesano, de vicarias, arciprestazgos y parroquias para rezar juntos, conocernos mejor, fortalecer las relaciones fraternas y favorecer una acción pastoral conjunta entre la Archidiócesis y los diversos carismas de la vida consagradaMucho puede ayudarnos a ello el estudio del documento titulado Cauces operativos para facilitar las relaciones mutuas entre los obispos y la vida consagrada de la Iglesia en España, aprobado el 19 de abril de 2013 por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Particularmente, pido a los consagrados dedicados a la educación cristiana de la infancia y juventud que secunden las directrices concretas del nuevoDirectorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, en comunión fraterna con los sacerdotes en las parroquias y arciprestazgos, en los que ejercen en mutua colaboración su acción pastoral. Como nos recuerda el papa Francisco, “en la comunión, aunque duela, es donde un carisma se vuelve auténtica y misteriosamente fecundo” (EG 130).

Año Jubilar Teresiano
21. El Año Jubilar Teresiano, concedido por el papa Francisco a la Iglesia en España, se extenderá desde el día 15 de octubre de 2014 hasta la misma fecha del año 2015. La ocasión es el V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús. Nuestra Archidiócesis lo celebrará conjuntamente con la familia del Carmen descalzo masculino y femenino. Un servidor presidirá en las fechas indicadas su apertura en la iglesia del Santo Ángel y su clausura en el templo del Carmelo de san José de Sevilla. En fechas próximas daremos a conocer las iglesias en las que se podrá lucrar la gracia jubilar y algunas iniciativas conjuntas de carácter formativo o cultural. Con todo, lo decisivo deberá ser la renovación de nuestro compromiso a favor de la pastoral de la santidad, centrándonos particularmente en la pastoral de la oración, de la que santa Teresa fue maestra elocuente. Ella nos dejó esta definición preciosa de la oración: “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida, 8,2). El papa Francisco nos ha recordado que hoy la Iglesia necesita evangelizadores que oran y trabajan, porque no sirven las propuestas místicas sin compromiso social y misionero, ni los discursos y praxis sociales o pastorales sin una espiritualidad que transforme el corazón (cfr. EG 262). Impliquémonos, pues, especialmente en este año, en la pastoral de la oración en todos los ámbitos de la vida diocesana, parroquias y comunidades, movimientos, grupos apostólicos y hermandades, desde la catequesis de infancia hasta los adultos, pasando por los adolescentes y jóvenes, porque como sabiamente enseñaba la mística abulense “Sin este cimiento fuerte [de la oración] todo edificio va falso” (Camino de Perfección, 4,5).

Otras prioridades pastorales
22. La atención a los asuntos que acabo de proponer no puede restar intensidad a nuestra dedicación a las otras prioridades pastorales que venimos urgiendo en cursos anteriores, como son las Misiones Populares Parroquiales, el Itinerario de formación de adultos de la Conferencia Episcopal Española, la pastoral juvenil y vocacional, y la pastoral de la familia y de la vida. En el esfuerzo por impulsar el espíritu misionero de las parroquias, de manera que se renueve la vivencia de la fe y se vaya regenerando el tejido comunitario de la Iglesia, la Vicaría para la Nueva Evangelización continuará con las Misiones populares parroquiales. Diez parroquias estarán en este curso en el segundo año completando el desarrollo del proceso de misión popular, y en otras once parroquias se iniciarán las misiones a partir de octubre. Las misiones populares son un instrumento para avanzar en la renovación parroquial pedida por el papa Francisco, para que nuestras parroquias estén más cerca de la gente, sean ámbitos de comunión eclesial y de participación de todos los bautizados y se orienten completamente a la misión en sus territorios (cf. EG 28).
23. Sin embargo, el ámbito de la feligresía de cada parroquia no agota el campo de la misión, pues el horizonte evangelizador de la Iglesia es universal. Cada Iglesia particular debe sentir la corresponsabilidad de llevar el Evangelio a todos los pueblos. El campo misionero no sólo es nuestro propio territorio, sino que nos deben preocupar también otros lugares más necesitados. Consciente de esta responsabilidad, desde hace muchos meses vengo proponiendo un proyecto de Misión diocesana ad gentes, para colaborar con alguna Iglesia particular hermana en Latinoamérica. En este sentido tenemos ya la petición de varías Diócesis de aquel Continente. Tenemos también el ofrecimiento de cuatro sacerdotes diocesanos. Sería bueno también contar con algún laico y alguna religiosa. Desearíamos que en el curso pastoral que comienza echara a andar el proyecto. La historia de nuestra Archidiócesis es una historia misionera. Sevilla fue el punto de partida de la evangelización de América. Pidamos al Señor y a su Madre bendita en su título de los Reyes que pronto podamos ofrecer con generosidad esta ayuda misionera, que sin duda, aportará vitalidad eclesial a la propia Archidiócesis, pues como bien sabemos, la fe se fortalece dándola.
24. Un año más volvemos a proponer para el nuevo curso pastoral el Itinerario de Formación de Adultosde la Conferencia Episcopal Española como instrumento de formación de nuestros laicos, para que todos crezcamos -en expresión del Santo Padre- en nuestra condición de discípulos y misioneros. “Ser discípulos es tener la disposición permanente de llevar a otros el amor de Jesús, y eso se produce espontáneamente en cualquier lugar: en la calle, en la plaza, en el trabajo, en un camino” (EG 127). Para ello pido a los párrocos y a los catequistas de adultos que, bajo la coordinación e impulso de las Delegación diocesana de Apostolado Seglar, continúen acompañando a los grupos existentes y procuren la constitución de otros nuevos, en los que sus miembros, siguiendo el Itinerario de formación en grupo, experimenten el gozo de su pertenencia a la Iglesia y la alegría de vivir juntos, de encontrarse y participar en una verdadera experiencia de fraternidad eclesial, porque “los discípulos del Señor son llamados a vivir como comunidad que sea sal de la tierra y luz del mundo” (EG 92).
25. También es necesario seguir fortaleciendo nuestra Pastoral juvenil y la Pastoral de las vocaciones,cuya base es siempre una buena pastoral de jóvenes, que busque una sólida formación cristiana y les ayude a enraizarse en Cristo, cultivando la oración, la amistad y la intimidad con el Señor y la participación en los sacramentos. Sólo así, arraigados y edificadas en Cristo, crecerán en el amor a la Iglesia y se iniciarán en el apostolado y la experiencia de la generosidad y el descubrimiento del prójimo, sobre todo de los pobres. No nos debe dar miedo ni pudor proponer a los jóvenes así formados un camino de especial consagración en el sacerdocio o en la vida consagrada.  Ofrezcamos a nuestros jóvenes una espiritualidad profunda y unos ámbitos comunitarios donde puedan vivir gozosamente su pertenencia eclesial. Son muchos los jóvenes que buscan en una experiencia religiosa seria el encuentro personal con Jesucristo, que desean experimentar la fraternidad en una comunidad de hermanos que se conocen y se ayudan, que necesitan comprender su fe a través de la formación doctrinal y bíblica, y que están dispuestos a participar en un compromiso misionero. En todos los ámbitos en los que se trabaja con jóvenes debemos responder con seriedad a estas cuestiones y demandas. Con una pastoral juvenil así orientada surgirán vocaciones, porque como dice el papa Francisco “donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas” (EG 107).
26. Análogamente debemos seguir trabajando en la Pastoral de la familia y de la vida, especialmente en este año en que toda la Iglesia va a tener puesta la mirada en la pastoral familiar. Como es bien sabido, el Santo Padre ha convocado un Sínodo extraordinario que se celebrará del 5 al 19 del próximo mes de octubre sobre el tema: Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la Evangelización. En el otoño de 2015 se celebrará la Asamblea General Ordinaria del Sínodo, en la que se proseguirá el trabajo sobre este tema decisivo, para ofrecer líneas operativas pastorales en este crucial sector pastoral. Seguiremos atentos estas orientaciones. Al mismo tiempo, hemos de aprovechar todas las ocasiones que se nos presenten para llegar pastoralmente a las familias, que deben ser un sector preferente en la pastoral parroquial. En ninguna parroquia debería faltar un grupo de matrimonios bien formados que, junto con el sacerdote, dinamicen esta pastoral prioritaria. La implantación del nuevo Directorio de la Iniciación Cristiana, insistiendo en la implicación de los padres en el proceso catequético de sus hijos, particularmente en la etapa del despertar religioso, nos brindará nuevas posibilidades de encuentro con las familias. También las Misiones Populares Parroquiales pueden dar pie para crear los grupos de matrimonios a los que me refería anteriormente. De nuevo os recuerdo que en el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España podemos encontrar directrices concretas para la configuración y el impulso de nuestra pastoral familiar parroquial. A ello puede contribuir también de forma destacada el programa de convocatorias y actividades que han elaborado los Delegados diocesano de Familia y Vida.
27. Son muchos los campos de trabajo que nos reclaman. Lo ponen de manifiesto las diferentes programaciones de las Delegaciones, Secretariados e instituciones diocesanas que figuran en este programa pastoral. Todo ello puede producir en nosotros una cierta desazón ante tantas demandas y tareas que cada uno difícilmente podemos abarcar. Nos debe confortar la conciencia de que todos buscamos la gloria de Dios, el fin último que justifica todas nuestras iniciativas y actividades: “Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actuamos ‘para alabanza de la gloria de su gracia’ (Ef. 1,6). Si queremos entregarnos a fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier otra motivación. Éste es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás.” (EG 267).
28. En las tareas pastorales que reemprendemos después del descanso veraniego no estamos solos, ni contamos sólo con nuestras pobres fuerzas. Así nos lo dice santa Teresa de Jesús al escribir “que es larga la vida y hay en ella muchos trabajos, y hemos menester mirar a nuestro dechado Cristo cómo los pasó, y aun a sus apóstoles y santos, para llevarlos con perfección” (M 7,13). La Iglesia del cielo, la Virgen María y todos los santos, nos estimulan con su ejemplo y nos ayudan con su intercesión. A todos ellos encomendemos el nuevo curso pastoral, particularmente a los nuevos santos pastores Juan XXIII y Juan Pablo II. Fortalecidos con su ejemplo y su intercesión reemprendemos con alegría y confianza los trabajos al servicio del Señor, al servicio del anuncio del Evangelio y al servicio de nuestros hermanos, especialmente de los más pobres. 
Para todos, en nombre propio y en el del señor Obispo auxiliar, nuestro saludo cordial, nuestro abrazo fraterno y nuestra bendición.
En Sevilla, a 15 de agosto de 2014, Solemnidad de la Asunción de Santa María Virgen, patrona principal de la Archidiócesis bajo el título de Nuestra Señora de los Reyes.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla