jueves, 28 de abril de 2016

Carta pastoral ‘La alegría del amor’

Queridos hermanos y hermanas:

Pocos documentos pontificios han sido tan esperados por la opinión pública como la exhortación apostólica Amoris Laetitia, en la que el papa Francisco recoge los frutos de los dos últimos Sínodos sobre el matrimonio y la familia. Fechada en la solemnidad de san José, a partir de la palabra de Dios se reafirma en ella que “el matrimonio cristiano, reflejo de la unión entre Cristo y su Iglesia, se realiza plenamente en la unión entre un varón y una mujer, que se donan recíprocamente en un amor exclusivo y en libre fidelidad, se pertenecen hasta la muerte y se abren a la comunicación de la vida, consagrados por el sacramento que les confiere la gracia para constituirse en iglesia doméstica y en fermento de vida nueva para la sociedad”.


Después de describir en el capítulo segundo la situación actual de la familia y los desafíos que la cercan, el Papa hace memoria en el capítulo tercero de la doctrina de la Iglesia sobre la familia y la grandeza del sacramento del matrimonio. En el capítulo cuarto escribe páginas bellísimas sobre las características del amor esponsal y sobre la belleza de la caridad conyugal. El capítulo quinto, tituladoAmor que se vuelve fecundo, está dedicado a la hermosura de la vida familiar, mientras el sexto está dedicado a la atención pastoral a los novios y el acompañamiento de los esposos en los primeros años en condiciones normales y también en situaciones de crisis, angustias y dificultades o cuando la muerte visita a la familia con la desaparición de uno de los esposos, un hijo o un familiar muy querido.

Después de dedicar el capítulo séptimo a la educación de los hijos, en el capítulo octavo, tituladoacompañar, discernir e integrar la fragilidad, la exhortación aborda el tema de las familias heridas, de los que conviven antes del matrimonio y de las personas en dificultad, a las cuales invita a no sentirse excluidas de la Iglesia, mientras que invita a los obispos y sacerdotes a proponerles un camino de acercamiento a la  Iglesia que culmine en el sacramento del matrimonio. Advierte, no obstante que hoy, más importante que una pastoral de los fracasos hemos de esforzarnos para consolidar los matrimonios y así prevenir las rupturas.

El capítulo octavo ha hecho correr en estos días ríos de tinta. En él el Papa invita a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente al pensamiento de Jesús y a la doctrina de la Iglesia obre el matrimonio y la familia. Habla de  los casos de fragilidad y de alejamiento del ideal cristiano, e invita a obispos y sacerdotes a “acompañar, discernir e integrar” en la “lógica de la misericordia pastoral” teniendo en cuenta la complejidad de las situaciones en que las personas viven y sufren.

La exhortación apostólica señala que muchas parejas conviven o eligen el matrimonio civil por situaciones contingentes, como la falta de trabajo. El Papa pide transformar estas situaciones de dificultad en una oportunidad, sobre todo cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público y está cimentada en un afecto profundo y en la responsabilidad por los hijos. Entonces el acompañamiento debe convertirse en “camino hacia la plenitud del matrimonio y de la familia a la luz del Evangelio”.

Trata después el Papa de los divorciados vueltos a casar y dice que pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, “que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral”. Propone después un camino de acompañamiento y discernimiento de la mano de un sacerdote, para formar un juicio correcto sobre aquello que obstaculiza la posibilidad de una participación más plena en la vida de la Iglesia y sobre los pasos que pueden favorecerla y hacerla crecer. Tal discernimiento deberá hacerse teniendo en cuenta las exigencias de la verdad y de la caridad. En este caso, los pastores deberán “escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia”.

El Papa afirma que los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben integrarse en la comunidad cristiana evitando cualquier ocasión de escándalo, pero sin que se sientan excomulgados y abriendo la posibilidad a algunos servicios eclesiales. Tal integración debe facilitar la educación cristiana de los hijos.

El Santo Padre reconoce que no existen “recetas sencillas” pues las situaciones son muy diversas. No es posible, pues, una normativa canónica general aplicable a todos los casos. Por otra parte, el grado de responsabilidad no es siempre igual. Por ello, las consecuencias no deben ser necesariamente las mismas.

Al hablar del camino de acompañamiento y discernimiento, en diálogo profundo entre fieles y pastores, el Papa aconseja que prime la lógica de la misericordia pastoral, sin que esto signifique que la Iglesia renuncia a proponer el ideal pleno del matrimonio y el proyecto de Dios en toda su grandeza, con plena fidelidad la Evangelio, excluyendo la tibieza, el relativismo o la pusilanimidad.

Al mismo tiempo que invito a sacerdotes y fieles a leer y estudiar este importante documento, a todos os envío mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
                                                                                                Arzobispo de Sevilla

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