sábado, 17 de marzo de 2012

Una mano tendida a la esperanza

 “Bienaventurado el que, dejado aparte su gusto e inclinación,
mira las cosas en razón y justicia para hacerlas”.
Avisos y Sentencias. San Juan de la Cruz
Foto: Álvaro García
No voy yo a redescubrir en estas líneas la situación de crisis general que medio mundo vive, y digo medio mundo, porque el otro medio lleva centenares de años viviendo en una crisis permanente de lo más básico.

En realidad esto de la crisis, no nos debería de sonar a nuevo. Sólo hace falta darle un vistazo con algo de perspectiva al pasado siglo XX, para ser conscientes que la palabra “crisis” es consustancial con la vida de los hombres. Pero hay algo que también es consustancial a la historia del sufrimiento humano y es la reacción de los cristianos ante la injusticia y la sin razón. Allí donde alguien lo está pasando mal, allí donde las gentes arrastran sus cruces invisibles, sean del tipo que sea, hay un cristiano dispuesto a curar las heridas.

Creer que esta mala situación que tenemos encima es sólo financiera, entiendo que es quedarse con una visión mediocre, poco profunda, superficial. En la génesis de todo esto hay algo más que bancos, primas de riesgo y créditos… y ante esta sensación de rareza: ¿qué tenemos que hacer los cristianos del siglo XXI?, ¿como tenemos que hacer los cofrades de Arahal para curar las heridas de nuestros hermanos?

Creo que hasta ahora todos en general, y las hermandades en particular, hemos sido capaces de transmitir bastante bien un cristianismo, podemos decir, más doctrinal. Pero ante este  siglo XXI escaso de esperanza, entiendo que los cofrades tenemos que intentar esforzarnos por transmitir un cristianismo más experimental. Creo que tenemos que esforzarnos por ser capaces de transmitir  una auténtica experiencia cristiana de profundidad, una experiencia religiosa auténtica.

Este cristianismo experimental creo que debe tener dos caras de las misma moneda, por un lado favorecer la sensación de saber que tenemos un amigo, que es Jesucristo, que nos quiere, que está junto a nuestras miserias, que nos entiende, que alumbra nuestras faltas y se siente bien con nuestros aciertos… tenemos que intentar favorecer que otros sientan en su carne la misma sensación que nosotros experimentamos cuando después de un día complicado, entramos en San Roque y nos sentamos frente a Él, y solo mirándolo, sin rezar, sólo mirándolo, somos capaces de sentir que no está muerto, que ha estado con nosotros acompañándonos durante todo el día y que mañana seguirá también con nosotros.
Los cofrades tenemos que ser capaces de convertir nuestras hermandades en refugios de esperanza, donde todos se sientan cómodos. Convertir nuestras capillas en auténticas casa de oración, para poder trasmitir y favorecer esa experiencia inconmensurable de sentir a Dios, de estar con Dios.

Pero además de esto, los cofrades tenemos que asumir tanto la palabra del Señor que la gente nos identifique, no por las cinco cruces que prenden de nuestro pecho, sino por nuestros actos, por ser el consuelo a tanto desconsuelo, la esperanza a tanta desesperanza, la amabilidad ante tanta descortesía, la bondad ante tanta maldad, la caridad ante tanta indiferencia.
Tenemos que hacer como hizo el Señor, no reservarnos nada para nosotros, ni para nuestra hermandad; sino darlo todo por todos, todos los días, en todas circunstancias, recordando que el amor, con amor se paga.

Por todo ello, entiendo, que los cofrades poniéndonos todas las mañanas nuestra túnica blanca y negra para ir al trabajo, ocupando el sitio que nos toque en el tramo de nuestra vida particular, alumbrando con nuestro cirio la vida de los que nos rodean, repartiendo estampas invisibles a modo de compresión y ayuda a los que lo necesiten… será así, y sólo así, haciendo que los demás experimenten la sensación de Cristo en el fondo de sus almas, como cada uno de los hermanos de la Hermandad le plantaremos cara  a todo esto que tenemos encima.  Y actuando así, sabiendo cual es nuestra tarea en este siglo XXI; cualquiera que nos vea, por nuestros actos, por nuestra actitud vital, por experimentar dentro de nosotros el mensaje del nazareno, cuando nos vean, verán al Yacente, lo verán todos los días en la mesa de la oficina, detrás del mostrador, en el campo, en el centro de salud, verán a Ese que tanto queremos reflejado en nosotros y dirán, a boca llena… ese buen hombre, es hermano del Santo Entierro.

Jesús Núñez Aguilar
Publicado en el Boletín de la Hermandad

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