miércoles, 16 de agosto de 2017

San Roque, según José de Ribera

San Roque

1631. Óleo sobre lienzo, 213,4 x 144,5 cm
En el día de San Roque, os mostramos esta maravillosa representación de Nuestro Sagrado Titular que se conserva en el Muse del Prado de Madrid. Se trata de una obra de José de Ribera, el primero de los grandes maestros españoles de la pintura que surgieron en las décadas centrales del siglo XVII.

Nacido en España, José de Ribera desarrolló toda su actividad profesional conocida en Italia: primero en Roma, y a partir de 1616 en Nápoles, ciudad que era cabeza de un virreinato bajo dominio español. Una parte destacada de su producción llegó a España, tanto a palacios aristocráticos como a las colecciones reales. Entre esas obras se encuentra San Roque, citado en los fondos del monasterio del Escorial desde 1667.

San Roque fue uno de los santos más populares en la Europa católica durante los últimos siglos de la Edad Media y toda la Edad Moderna, pues se le consideraba protector contra la peste, una de las enfermedades que hicieron mayores estragos en el continente. Tradicionalmente se le representa vestido de peregrino, mostrando en uno de sus muslos una llaga alusiva a la enfermedad y acompañado por un perro que lleva en la boca un pedazo de pan. Es el animal que todos los días acudía con ese alimento al lugar donde el santo se había retirado para evitar contagiar la peste, el mal que él mismo había adquirido debido a su permanente dedicación a los enfermos. Todos esos elementos aparecen en el cuadro de Ribera, que nos presenta al santo con el bordón y el sombrero alusivos a la peregrinación. Su pie derecho y su mano izquierda descansan sobre sendas superficies pétreas, probable alusión a las relaciones entre su nombre Roque y la palabra roca.

Forma pareja con la pintura Santiago el Mayor (P1083), una obra de Ribera con la que comparte fecha (1631), dimensiones, composición y procedencia. También tienen en común el hecho de que ambos santos se relacionaban con peregrinaciones.

San Roque, al igual que Santiago el Mayor, se representa de cuerpo entero, aislado ante un fondo oscuro y en un contexto pétreo. La perspectiva, concebida según la visión de abajo a arriba, contribuye a dar monumentalidad a esta espléndida imagen, que se cuenta entre las figuras de mayor escala realizadas por Ribera. Está firmada a principios de los años treinta, cuando el pintor todavía conservaba numerosos rasgos de su tenebrismo inicial, pero ya iba utilizando una luz más matizada, que modela de forma suave las formas y volúmenes. A pesar de sus pobres vestiduras y del fuerte realismo con el que está representado su rostro, Ribera ha logrado dar una apariencia heroica al santo, a lo que contribuye el potente espacio en el que lo ha situado.

(Texto extractado de Portús, J. en: El Prado en el Ermitage, Museo Nacional del Prado, 2011, pp. 126-127).

Fuente: www.museodelprado.es

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