viernes, 8 de junio de 2012

Jóvenes con fe


Queridos jóvenes de la hermandad del Santo Entierro.

La pasada Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, a la que algunos de vosotros pudisteis asistir, manifestó de manera extraordinaria que muchos jóvenes tienen fe, es decir, creen en Jesús y se sienten parte de la Iglesia. Baste recordar el momento tan sobrecogedor de la adoración del Santísimo Sacramento. Ver a tantísimos jóvenes de rodillas, a pesar del fango producido por la tormenta que previamente cayó, ante el Señor expuesto en la magnífica custodia toledana fue un ejemplo de fe viva para todos.

No obstante, la fe no sólo se vive y manifiesta en momentos multitudinarios como éste. La fe es una constante de la vida ordinaria que sostiene nuestra esperanza y acrecienta la caridad para con Dios y nuestros hermanos. El hecho de tener fe es una gran suerte, mejor aún, es vuestro mayor tesoro. Con fe la vida se ve de otra manera bien distinta a como la ven otros mundanalmente, y con fe la vida va convirtiéndose en eternidad puesto que se constituye en la clave de nuestra salvación.

La fe, en primer lugar, es la confianza plena y obediente en Dios y en lo que nos ha revelado en su Hijo Jesucristo. Pero la fe es ante todo un don de Dios, un regalo suyo que hemos de rogarle constantemente nos lo conceda. La llama de la fe se encendió en vuestro corazón cuando fuisteis bautizados. Desde entonces, vuestros padres, mayores y catequistas han procurado que esa llama no se apague sino que se acreciente día a día. Ciertamente que la fe también implica la respuesta libre por parte del hombre a Dios. ¡Pedidle a Él que os conceda la inteligencia de la fe y que os conceda la gracia de vivirla coherentemente!

La fe no es sólo creer en una serie de verdades reveladas, que también, sino sobre todo creer en una persona, establecer una relación profunda y confiada en la persona de Jesús de Nazaret, el hijo de María que procede del Padre y se encarno de ella por obra del Espíritu Santo para nuestra salvación. Tener fe no es sólo saberse de memoria el credo o los mandamientos, es ante todo encontrarse y experimentar a Dios en la vida, tratarlo como a un amigo, puesto que Él se hizo nuestro mejor amigo. La fe como experiencia de encuentro vivo con Jesús implica por nuestra parte facilitar que ésta nunca decaiga. Para esto es fundamental emplearse con más intensidad en la oración, fundamentalmente de tres modos:

       1.    La oración personal, bien en casa o de camino al instituto, pero sobre todo ante la Palabra de Dios y en el Sagrario.
       2.  La oración comunitaria, sea a través de vuestras reuniones de grupo como en aquellos actos que la Parroquia o la Diócesis organizan.
       3.  La oración de la Iglesia, fundamentalmente cuando se reúne para celebrar los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía. Es en la Santa Misa donde nos descubrimos como comunidad de creyentes y donde la parroquia se descubre tal cual es.

La fe también supone creer en aquellas verdades recogidas, por ejemplo, en el credo. Éste es nuestra carta de identidad cristiana. Para confesarme como cristiano he de saber y de vivir los principios recogidos en el credo y que de una manera viva y comunitaria puedo confesar en la Misa dominical. Evidentemente hace falta conocer lo que significa, para lo cual es fundamental que os ayudéis de las catequesis y del Youcat.

¡Pedidle a Dios que os avive el don de la fe y que seáis testigos auténticos del evangelio! Recibid la bendición del Señor bajo la poderosa intercesión de su bendita Madre la Divina Pastora.


Álvaro Román Villalón. Director Espiritual
Publicado en la revista juvenil "Pingüinos"

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