sábado, 19 de mayo de 2012

¿Cómo evangelizan ellos?

Testimonios a pie de calle, durante la Jornada de Nueva Evangelización.

¿Qué tiene que ver la nueva evangelización conmigo? 
Benedicto XVI quiere que todos los fieles participen en la gran misión de nueva evangelización que ha convocado para el Año de la fe. El sábado, en la Jornada Joven de Nueva Evangelización, dos mesas redondas sirvieron para que varias personas ofrecieran testimonio de cómo evangelizan en su entorno cotidiano y en sus responsabilidades eclesiales

2012: Año de la Fe
En la familia

Juan Ramón y Patricia llevan 13 años casados, pertenecen al Camino Neocatecumental y son padres de 9 hijos, todos menores. ¿Cómo se les evangeliza? «Para eso -dice él- no hay libros. Mi experiencia es que, con la paternidad, se recibe una gracia, que te hace discernir en cada momento lo que tienes que hacer».

Hay que ser siempre conscientes de que se educa con la propia vida, y que las palabras, sin hechos, se las lleva el viento.

«Los niños saben si sus padres se perdonan o no, si lo primero para ellos es Dios o el dinero...» Por eso, como padres de familia numerosa, Juan Ramón y Patricia han entendido que su primera misión es cuidar su matrimonio. Ése es el pilar de la familia, y el espejo en el que se miran sus hijos.

Ir a misa juntos los sábados por la tarde, con la comunidad; rezar los Laudes del domingo; la oración antes de acostarse, o la bendición de la mesa, son momentos de gran importancia para la vida familiar, subrayan. A Juan Ramón y Patricia les funciona también introducir historias bíblicas para que los chicos aprendan a ver sus vidas reflejadas en ellas. «Pero sin ser pesados -matiza él-. Somos una familia perfectamente normal». Se trata simplemente de «no perder ocasión de hablar a los niños de Dios, respetando, claro está, después su libertad».

Otro capítulo esencial de la educación cristiana de los niños es animarles a ser coherentes con su fe. En el colegio, un colegio estatal en un pequeño pueblo, «nuestra presencia llama la atención», reconoce Patricia. Y no sólo por el tamaño de la familia. «Pedimos a nuestros hijos que den testimonio en cosas como mostrar respeto a los profesores». O en que, cuando «un chico le pega a un hijo mío, no devuelva la bofetada». A veces cuesta. «A mí, como madre, me sale a veces otra respuesta...» Por eso es tan importante poner las experiencias que a uno le suceden a lo largo del día en oración, individual y familiar. Ratos de oración, por cierto, en los que no siempre es fácil mantener el orden con los pequeños... ¿Solución? Creatividad cristiana: «Terminamos dándonos la paz». Cuando se pone la vida en manos de Dios, los conflictos se convierten en una ocasión de bien.

En la parroquia

¿Cuál es el método de Jesús? «Lo primero que Él hace es formar un grupo, antes de anunciar nada», subraya José María, un párroco que habló sobre su experiencia pastoral con los jóvenes. «Ése debe ser nuestro método. La amistad no es una excusa o un medio para evangelizar. Es un fin en sí mismo», añade este joven sacerdote.

Miguel Ángel, también joven sacerdote, recuerda la pregunta de Jesús a Pedro, después de que éste le hubiera traicionado: ¿Me amas? «Ahí está la clave de todo. Si el evangelizador, a pesar de todas sus debilidades humanas, está enamorado de Jesucristo, es difícil que no pase algo en su parroquia». La cuestión, por tanto, es: «¿Hay veracidad en nosotros?»

Hoy, un peligro grande, según Miguel Ángel, «es el efectivismo», pretender llevar a cabo grandes iniciativas que den muchos resultados. «Esto genera una tensión enorme en los sacerdotes. Por eso deberíamos replantearnos muchas cosas. Si organizamos un encuentro, y resulta que no viene nadie, pues no pasa nada: sembremos, y ya vendrán los frutos». Una cosa, sin embargo, sí que es insoslayable: «La conversión del propio evangelizador».

En la universidad

Mercedes Sánchez es una laica consagrada, de las Cruzadas de Santa María, y profesora de Medicina Familiar en la Universidad Autónoma de Madrid, un entorno -afirma- no especialmente sencillo para la evangelización. Junto a un grupo de profesores, sin embargo, Mercedes organiza distintas iniciativas con los alumnos, encuentros nacionales en los que el catedrático y el alumno rezan y comen juntos...

¿Pero cómo llegar a los que nunca se acercan por la capilla? Siendo maestros. En otras palabras: hay que «hacer lo contrario de lo que se nos pide hoy con el Plan Bolonia, donde se valora que el profesor se encierre en su despacho a investigar, en lugar de dedicarse a fondo a la docencia».

La universidad puede ser un entorno favorable para la evangelización, pero sólo desde el tú a tú, «con las puertas del despacho abiertas». Las ocasiones de dar testimonio surgen. Por su experiencia, Mercedes sabe que hay ciertos debates en clase especialmente indicados, o actividades, como las visitas a un centro de enfermos terminales, que inevitablemente suscitan preguntas en los alumnos.

En el mundo del trabajo

Gabriel González, militante de Acción Católica, de 28 años, era un profesor que vivía felizmente su fe en una escuela católica concertada, pero sentía que su vocación le demandaba una mayor exigencia: dar testimonio en la escuela pública. Ése fue el gran motivo de que se preparara las oposiciones, y «no tanto por las ventajas de ser funcionario», asegura.

En su nuevo colegio, al que van niños de un poblado chabolista, se encontró con una comunidad docente muy joven y motivada: «Es gente muy buena, llena de muy buenas intenciones, a pesar de no tener fe, dispuesta a ofrecer lo mejor de sí misma». Pero «pasa el tiempo, llegan las rencillas, los egoísmos y los problemas...»

¿Cómo evangeliza en un entorno así un cristiano? «Lo primero es el trabajo bien hecho», cree Gabriel. «Hay que poner amor en lo que uno hace, como dice mi mujer». Y «ser buen compañero, que se preocupa por el bien común, no sólo por el individual; ser persona que crea comunión, un medio de paz; rehuir las críticas y las habladurías». Y muy importante: «saber escuchar». Hace unos días, una compañera con la que no había tenido especial trato, se le acercó para confiarle un problema. Porque él sabe escuchar, le confesó: «No me siento juzgada contigo».

No es necesario «ir pregonando por los pasillos la condición de cristiano»; poco a poco, surgen ocasiones de hablar de la propia fe, cuando uno ha ido «cimentando relaciones basadas en el amor». Así es como se construye la confianza con el otro. Después, cuando los demás tienen algún problema, uno se ha convertido en referente al que acudir. Por ser «alguien de quien te puedes fiar».

Cuando Gabriel entró en su nuevo colegio, le sorprendió que, en una comunidad de profesores jóvenes, buenos y muy motivados, la pregunta acerca de la búsqueda de la verdad no se planteara en voz alta. Ahora, eso empieza a cambiar.

En la cultura

«La cultura no depende de unas élites sociales, la cultura somos todos, la cultura somos nosotros, está en nosotros y debemos ser formadores de cultura, porque «todo lo que hace el ser humano expresa una cultura». Y a partir de esta premisa, el Delegado episcopal de Cultura de Madrid, don José Miguel García Pérez, alentó a «construir el tejido cultural desde la fe».

Se genera cultura en el tú a tú, en las conversaciones. Y también en grandes iniciativas, exposiciones o conferencias, que muestran la capacidad del cristianismo para abrazar la realidad en su totalidad, y hacer la existencia humana más plena, en todas sus dimensiones.

De ello, se ofrecieron numerosos ejemplos en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, uno de cuyos rasgos distintivos fue un amplio y cuidado programa cultural, con 360 actos. Su responsable, Carla Diez de Rivera, explicó que lo decisivo para el equipo que puso en marcha todas esas iniciativas fue la clara conciencia de que «todos debían tener la posibilidad de encontrarse con el Señor durante la JMJ. Era su derecho». Y en el equipo de Actos Culturales, «todos estábamos mentalizados con esta misión, éramos misioneros de la JMJ, misioneros que pertenecíamos a una familia, a una familia unida, que reza unida, que quiere cumplir la voluntad de Cristo». Esas experiencias serán muy tenidas en cuentas por la Misión Madrid, uno de cuyos objetivos es continuar la obra cultural de la JMJ, para reforzar la fe de los cristianos, y para salir al encuentro de los no creyentes y alejados.

En Medios de comunicación y en las redes sociales

«Cambia el medio, pero la misión sigue siendo la misma: Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia. Sandra Madrid, periodista de la Delegación de Medios del Arzobispado, y de la Cadena Cope, invitó a tener en cuenta el gran potencial de estos medios, y a perderles el miedo. También a Internet y a las redes sociales. «Es necesario que todos los sacerdotes que están aquí se abran una cuenta en Twitter y en Facebook. Tenemos que evangelizar en todas los ámbitos de la sociedad, y hoy, la gente está en la Red», dijo. «No tengamos miedo a los nuevos medios de comunicación. Si Jesucristo fue un gran comunicador, su Iglesia no puede ser menos».

La exclusión social

En este Año de la fe, como resaltó don Javier Prades, durante la ponencia central de la Jornada del sábado, el Papa advierte de que «la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin la fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda». A la hora de plantear nuestra acción caritativa, es muy importante profundizar en las propias motivaciones y en nuestra identidad. «Es imprescindible que se perciba unidas la caridad y la fe, y que se vean en acción», añadió el Rector. Por cierto, «en un momento de crisis, cuando tanta gente está buscando el rostro de la Iglesia a través de Cáritas y tantas otras iniciativas de la Iglesia, tenemos una gran oportunidad» de salir al encuentro de los demás.

En una mesa redonda celebrada horas más tarde, el Delegado episcopal de Cáritas ofrecía ejemplos concretos de la fecundidad de fe y caridad cuando van de la mano. La evangelización tiene que llegar a todos los rincones, a todos los lugares, a todas las personas, y especialmente a los pobres, incluidas aquellas personas «que buscan la felicidad en otras cosas que no son Dios, como las drogas, el alcohol, el dinero», y terminan destrozándose la vida, afirmó don Pablo González. La evangelización pasa por ser conscientes de que «todos los hombres están hechos a imagen y semejanza de Dios». Y añadió: «Los pobres tienen necesidad de que les queramos y les ayudemos, como nos enseñó Jesucristo».

Al referirse al caso concreto de las personas sin techo, Tiscar Espigares Pinilla, responsable de la comunidad de San Egidio en Madrid, subrayó que el propio Jesús «evangelizaba a pie de calle», donde «buscaba un encuentro personal con cada uno». Y tenemos también «el ejemplo de los apóstoles, que, en Pentecostés, salen por las calles de la gran Jerusalén a evangelizar. Nosotros podemos hacer lo mismo por las calles de Madrid». De modo particular, con el testimonio de la caridad: la crisis es tiempo propicio para «mostrar el rostro de Jesús».

J.C./R.B. [Alfa y Omega nº 786]

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